Cojines neón, estampados que chocan, estanterías abarrotadas de chucherías: el ambiente es estridente, nostálgico y ligeramente caótico, a propósito.
Tras años de sofás beige y mesas de centro impecables, las casas empiezan a verse más desordenadas, más luminosas y mucho más personales. Ese look atrevido que muchos entendidos del diseño desestimaron como de mal gusto está volviendo, poco a poco, a los interiores mainstream, especialmente a medida que llegan los meses oscuros.
El regreso del kitsch: por qué el maximalismo se niega a quedar cancelado
Durante un tiempo, el manual de estilo parecía sencillo: paredes blancas, madera clara, una vela buena y quizá una planta que pareciera venir con una estrategia de contenidos. Cualquier cosa más viva corría el riesgo de ser ridiculizada como recargada o de “esforzarse demasiado”. Pero el péndulo ha cambiado de dirección.
El kitsch maximalista, antes ridiculizado como “la tendencia más fea de la década”, hoy se lee como un subidón de ánimo para tiempos de ansiedad.
Minoristas de hogar, marcas textiles y creadores independientes informan de un aumento de la demanda de colores saturados, patrones retro y objetos protagonistas. Los feeds que antes estaban dominados por tazas de gres y bouclé color crema ahora muestran lámparas rojo cereza, alfombras de damero y sofás florales que hace solo unos años habrían sido catalogados como “demasiado”.
Color que grita: cómo los tonos vivos sacaron a los neutros del escenario
En lugar de paletas arenosas, los tonos ricos se están adueñando de salones y dormitorios. Mantas azul eléctrico caen sobre sofás color avena. Rosa chicle, naranja quemado y amarillo ácido aparecen en pantallas de lámparas, jarrones y mesitas auxiliares. Incluso la vajilla se vuelve atrevida, con platos y vasos desparejados que evocan los juegos de fiesta de los 70.
Estos tonos funcionan especialmente bien en invierno, cuando mengua la luz del día y mucha gente pasa más tardes en casa. Una alfombra rojo intenso o una silla auxiliar amarillo cítrico pueden contrarrestar esa luz plana que hace que los esquemas minimalistas se sientan fríos o vacíos.
El maximalismo cambia el “calma a toda costa” por algo más cercano al confort visual: calidez, humor y un toque de drama.
Los estampados siguen el mismo camino. Florales a gran escala, dameros, garabatos, manchas de leopardo y geométricos retro se superponen en cojines, cortinas y ropa de cama. La tendencia no exige conjuntos perfectamente coordinados. Se apoya en la tensión: un chintz pulcro junto a una raya gráfica, una lámpara de seta brillante sobre madera de mediados de siglo.
Nostalgia con agenda: qué dice de hoy esta tendencia “fea”
Esta ola de kitsch no surge de la nada. La alimentan varios motores emocionales:
- Consuelo a través de la memoria: florales estilo abuela, colores golosina y figuritas de cristal que recuerdan casas de infancia y apartamentos de vacaciones.
- Rebeldía contra la uniformidad: quienes están hartos de “pisos de Instagram” idénticos quieren habitaciones que parezcan vividas y específicas.
- Calidez visual: el color denso y las capas de tejidos ayudan a que los espacios se sientan acogedores durante estaciones largas y grises.
También hay un rechazo silencioso a la idea de que el buen gusto equivale a la contención. En muchas ciudades, los alquileres son altos, los metros cuadrados escasean y la vida se siente excesivamente optimizada. Un salón ligeramente exagerado da permiso para aflojar. Los objetos a la vista -vinilos viejos, porcelana heredada, un perro de cerámica de una tienda benéfica- cuentan pequeñas historias y señalan que detrás del espacio hay una persona real.
Caos controlado: cómo hacer kitsch maximalista sin destrozar una habitación
Los críticos de la tendencia temen la sobrecarga visual. Ese riesgo existe, pero las decisiones meditadas evitan que una habitación animada se convierta en un cuarto trastero de atrezzo. El objetivo no es llenar cada superficie, sino apilar interés de una forma que todavía permita descansar a la vista.
Piensa en el maximalismo menos como acumulación y más como comisariado con un código de vestimenta más relajado.
Mezclar estampados sin provocarte dolor de cabeza
Una estructura simple ayuda a la hora de superponer prints:
- Quédate con alrededor de tres estampados principales en un mismo espacio: por ejemplo, un floral, una raya y un animal o un geométrico.
- Usa un hilo conductor de color -un verde, rojo o azul que se repita- para unirlos.
- Mantén al menos una gran zona más calmada, como paredes lisas o un sofá de color liso.
Los accesorios hacen la mayor parte del trabajo. Lámparas con pantallas de flecos, pósteres retro, mantas llamativas y cojines estampados transforman una habitación más rápido que comprar muebles nuevos. Además, se mueven con facilidad. Un puf a rayas puede ir de una estancia a otra; una manta brillante puede migrar de la cama al sillón, cambiando el ambiente sin ninguna reforma.
Una táctica práctica es “zonificar” el maximalismo. Un rincón de lectura, una zona de escritorio o una consola pueden llevar las piezas de mayor impacto, mientras el resto de la habitación se mantiene más tranquilo.
La textura como red de seguridad: equilibrar brillo, peluche y superficies sólidas
La textura evita que el color estridente se sienta plano. Los contrastes entre lo áspero, lo liso, lo suave y lo brillante dan a la mirada puntos donde posarse. Combinarlos reduce la sensación de caos.
| Elemento | Elección maximalista | Compañero equilibrante |
|---|---|---|
| Asientos | Terciopelo o tejido de estampado llamativo | Cojines de algodón o lino lisos |
| Superficies | Cristal de color, bandejas lacadas | Madera clara, ratán, cerámica sin esmaltar |
| Textiles | Lámparas con flecos, alfombras de pelo largo | Alfombras de tejido plano, cortinas sencillas |
La iluminación desempeña un papel enorme. Lámparas cálidas de baja intensidad, guirnaldas de luces y pantallas de cristal coloreado suavizan paletas potentes y hacen que la mezcla resulte acogedora. Los LED fríos de techo pueden hacer que los mismos objetos parezcan duros y desordenados.
¿Deberías unirte al kitsch o pasar de largo?
Nadie tiene que repintar un piso entero en tonos ácidos para subirse a la ola. El kitsch maximalista se adapta a distintos niveles de comodidad y presupuestos, desde un jarrón juguetón hasta una pared de galería completa. La pregunta más grande es cuánto quieres que tu casa grite tu autoexpresión.
Mojar los pies o tirarse de cabeza: dos formas de probar la tendencia
Para decoradores prudentes, pequeños movimientos ya cambian la atmósfera:
- Un puñado de cojines que choquen entre sí sobre un sofá neutro.
- Una alfombra estampada bajo la mesa de centro.
- Un grupo de velas de colores o jarrones de cristal en una estantería.
Quienes tengan más apetito de drama visual pueden optar por una ruta más atrevida: papel pintado llamativo y removible en una pared, un patchwork de láminas enmarcadas, o un sillón floral de segunda mano que se convierta en el ancla de la estancia.
La clave no es la perfección sino la personalidad; si te hace sonreír al entrar, se gana su lugar.
Piezas clave que convierten una habitación invernal de plana a alegre
Unos cuantos objetos suelen ser auténticos revulsivos cuando la luz es baja y los días se sienten repetitivos:
- Cojines estampados que pueden rotarse por temporadas, apilándose en camas o sofás.
- Alfombras estilo vintage con florales desgastados o gráficos potentes que calientan suelos desnudos.
- Lámparas protagonistas con pantallas plisadas o con flecos que proyectan un brillo suave y tintado.
- Adornos de cristal o cerámica de color que atrapan la luz de lámparas y guirnaldas, creando pequeños puntos de interés.
Un beneficio discreto de esta tendencia es que se lleva bien con presupuestos ajustados. En lugar de empezar de cero, la gente rebusca en desvanes, tiendas benéficas y mercados online. Juegos de vajilla antiguos, manteles florales y animales de cerámica raros de pronto se sienten actuales. La historia detrás del objeto a menudo importa tanto como su aspecto.
Más allá de la moda: lo que el kitsch maximalista puede hacer por tu vida cotidiana
Las tendencias de diseño suelen moverse más rápido de lo que la mayoría puede repintar. Aun así, un interior más expresivo puede tener efectos prácticos. Una habitación más cargada y personal a veces resulta más fácil de habitar que una perfectamente escenificada. Los roces y los vasos desparejados importan menos cuando todo el conjunto ya celebra la imperfección.
Este estilo también fomenta una creatividad de bajo riesgo. Reordenar un grupo de láminas, repintar un marco en un tono vivo o coser un cojín con retales convierte la decoración en una actividad continua, no en un único proyecto caro. Algunas casas incluso lo tratan como un hobby compartido, intercambiando piezas entre estancias o cambiando hallazgos con amigos cuando los gustos se desplazan.
Hay contrapartidas. Los estampados fuertes pueden pasar de moda antes, y el color muy saturado puede cansar a algunas personas con el tiempo. Una prueba útil es simular el look antes de comprometerte: reúne todo lo colorido que ya tengas en un rincón, convive con ello una semana y comprueba si te energiza o te inquieta. Ese breve experimento suele revelar tu límite natural de ruido visual.
Para inquilinos o cualquiera que desconfíe de la pintura atrevida, los textiles y la iluminación ofrecen una vía de bajo riesgo. El papel pintado removible, paneles de tela colgados como arte y apliques de pared enchufables aportan profundidad sin cambios permanentes. Cuando la tendencia pase, esas piezas pueden moverse, guardarse o reutilizarse, mientras la casa conserva la confianza y la diversión que el kitsch maximalista ayudó a desbloquear.
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