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9 hábitos antiguos que las personas de 60 y 70 años se resisten a dejar y por qué son más felices que los jóvenes obsesionados con la tecnología.

Hombre mayor sonriendo mientras lee el periódico y toma café en la cocina, rodeado de plantas y frutas.

El café estaba lleno de portátiles y pantallas brillantes, pero la carcajada más sonora venía de la mesa con el móvil de tapa.

Tres amigos de pelo plateado, con los abrigos colgados en el respaldo de las sillas, se pasaban fotos impresas como si fueran un tesoro. Nadie hacía scroll. Nadie escuchaba a medias. Cada historia llegaba, y cada rostro de esa mesa estaba completamente orientado hacia quien hablaba.

En la mesa de al lado, un adolescente grabó su café para Instagram, hizo tres fotos, comprobó los «me gusta» de la última publicación y apenas dio un sorbo. Llevaba los hombros tensos, la mandíbula apretada, la mirada inquieta. Parecía menos un descanso y más un turno en un segundo trabajo.

Mismo café, misma ciudad, mismo mundo ruidoso. Dos formas completamente distintas de vivir en él.

Una de ellas parecía conocer un secreto.

Por qué los hábitos de toda la vida se niegan a morir en los 60 y 70

Las personas de 60 y 70 no «renunciaron» a la tecnología; la vieron llegar como un vecino nuevo que habla rápido y nunca duerme. La usan cuando es útil y luego, en silencio, vuelven a lo que saben que funciona: calendarios de papel, llamadas al fijo, rutinas de domingo, dinero en un sobre. A ojos de los más jóvenes, estos hábitos pueden parecer lentos o desfasados.

Pero ir más despacio no significa estar desconectado. A menudo significa estar más presente. Hay una alegría testaruda en la manera en que muchos boomers y miembros mayores de la Generación X se niegan a dejar que las notificaciones les dirijan el día. Responden a los mensajes horas después y aun así llegan pronto a cenar. Siguen llamando al timbre en lugar de mandar un «estoy aquí» desde el coche. Tratan el tiempo como algo real, no como un puzle que optimizar.

En las encuestas sobre satisfacción vital, los adultos mayores suelen declarar una felicidad más alta que los jóvenes, incluso mientras lidian con más problemas de salud. Un estudio de 2023 sobre bienestar emocional encontró que las personas de 60 y 70 años estaban menos ansiosas y más satisfechas que las de 20 y 30, en varios países. Los investigadores apuntan a la «regulación emocional» y a la «priorización de actividades con sentido».

Eso suena abstracto hasta que miras sus hábitos. Menos multitarea. Más rutina. Menos apps. Más rituales. Muchos, a sus 60 y 70, han vivido despidos, nacimientos, funerales, recesiones y el internet de módem. Han aprendido qué partes de la vida merece la pena proteger. Los comportamientos de toda la vida que conservan no son nostalgia aleatoria. Son una especie de armadura.

También hay un factor sencillo y poco glamuroso: recuerdan la vida antes de la conexión constante. Saben, en lo más profundo, que una noche con un buen libro y un teléfono en silencio sigue siendo una noche bien aprovechada. Las generaciones jóvenes que crecieron en internet nunca tuvieron que construir la felicidad fuera de la pantalla desde cero. Así que cuando ven a gente mayor contenta con menos tecnología y más rutina, puede parecer casi sospechoso. ¿Por qué no se aburren?

Nueve hábitos «anticuados» que quizá les hacen más felices que a los jóvenes obsesionados con la tecnología

  1. Llamar en vez de estar enviando mensajes todo el tiempo.
    Muchas personas de 60 y 70 todavía cogen el teléfono y llaman, sobre todo para noticias importantes o emociones difíciles. Quieren oír una voz, una pausa, una respiración. Una llamada obliga a ambos a parar lo que están haciendo y estar ahí. Es torpe comparado con el control limpio de la mensajería, pero en esa torpeza es donde vive la intimidad.

Un martes por la tarde vi a una mujer de finales de los 60 marcar un número, dudar y luego sonreír cuando contestó la voz al otro lado. La llamada duró 12 minutos. Sin vídeo, sin filtros, sin capturas. Al colgar, no se quedó mirando el móvil para revivirlo. Simplemente se recostó, exhaló y dio un largo sorbo de té. Compáralo con el adulto joven medio, que mira el teléfono unas 144 veces al día. La línea entre «conexión» y compulsión se vuelve borrosa muy rápido.

Los psicólogos dicen que las conversaciones de voz pueden reducir la soledad de forma más efectiva que los mensajes, porque nuestro cerebro está diseñado para responder al tono y al ritmo. Una llamada exige un principio y un final, mientras que los mensajes se alargan durante horas sin un límite claro. El cierre emocional, curiosamente, es una característica de toda la vida. A menudo los jóvenes dicen que están «cansados de la gente» cuando en realidad están cansados de ser permanentemente accesibles.

  1. Usar calendarios de papel y listas escritas.
    Pregunta a alguien de 70 años cómo se organiza la semana y es probable que veas un calendario de pared, una libreta, quizá un pósit en la nevera. Parece de baja tecnología, casi frágil. Sin embargo, el acto físico de escribir ancla la memoria y da forma al tiempo. No quedas atrapado en un scroll interminable de invitaciones y bloques digitales codificados por colores.

Una profesora jubilada me enseñó el calendario de su cocina: cumpleaños en azul, citas médicas en rojo, cenas con amigos en verde. «Cuando tacho un día, lo noto», me dijo. «No quiero que mi vida parezca una app». Los jóvenes a menudo externalizan la memoria al móvil, confiando en que los recordatorios sonarán en el momento adecuado. Cuando el teléfono se pierde o se queda sin batería, su sensación de control se va con él. El hábito antiguo mantiene el control en la mano que sostiene el bolígrafo.

Los neurólogos llevan tiempo señalando que la escritura a mano activa áreas cerebrales vinculadas al aprendizaje y al procesamiento emocional de un modo que teclear no consigue. Una lista en papel es finita; termina cuando termina la página. Un gestor digital de tareas puede estirarse hasta el infinito y alimentar una culpa silenciosa. Quien hace listas «a la antigua» termina tres cosas y se siente satisfecho. Quien usa apps termina tres y ve aparecer otras siete. Es un desgaste sutil pero constante del ánimo.

  1. Priorizar rituales cara a cara.
    El café semanal con la misma amiga. La comida del domingo en familia. El vecino que siempre llama a las cinco para preguntar si «necesitas algo de la tienda». Estos rituales son la columna vertebral de muchas vidas a los 60 y 70. Están programados como citas sagradas, no como algo que mover por un correo de última hora.

Todos hemos vivido ese momento en el que alguien no deja de mirar el móvil mientras hablamos y, dentro de nosotros, se cierra una pequeña puerta invisible. Los adultos mayores suelen ser más estrictos con esto. El teléfono se queda en el bolso. La conversación es el acontecimiento. En un pub de un pueblo del norte de Inglaterra, vi a un grupo de jubilados jugar a las cartas durante dos horas. Nadie miró el móvil. Cuando pregunté cada cuánto se veían, un hombre se encogió de hombros: «Desde 1989. ¿Por qué íbamos a parar?».

Los estudios longitudinales sobre longevidad vuelven una y otra vez a la misma verdad: la conexión social es tan vital como la dieta y el ejercicio. Las relaciones presenciales fuertes y estables predicen menores tasas de depresión y deterioro cognitivo. La tecnología puede ayudar a construir y mantener esos vínculos, pero también puede fomentar redes más amplias y débiles a costa de relaciones más profundas. Muchos, a los 60 y 70, simplemente se niegan a ese intercambio. Prefieren cinco personas a las que poder llamar a medianoche que 500 seguidores que darán «me gusta» a una foto y seguirán deslizando.

  1. Leer libros y periódicos físicos.
    En salones de todo el mundo, los mayores todavía despliegan el periódico o se ponen las gafas de lectura y se pierden en un libro de bolsillo. Sin enlaces. Sin reproducción automática. Solo palabras, algo caliente en la taza y tiempo. Al lado de un adolescente con tres pantallas a la vez, parece pintoresco, casi preparado. Sin embargo, muchas personas de 60 años describen la lectura como su válvula de escape más fiable.

Una encuesta de 2022 en el Reino Unido encontró que los lectores mayores de 60 pasaban casi el doble de tiempo leyendo en papel que los de 20, que preferían abrumadoramente contenido digital de formato corto. Y aquí viene el giro: quienes leían en papel decían sentirse más tranquilos y «menos dispersos» después. Los jóvenes eran más propensos a afirmar que se sentían sobreestimulados o «acelerados» tras el tiempo de pantalla, incluso cuando era por ocio. El medio no solo entrega información; cambia cómo nuestra mente se relaciona con ella.

El papel tiene puntos de parada naturales: el final de un capítulo, el final de una página, el pliegue de un periódico. Las pantallas son infinitas. Ese «scroll infinito» hace que tu cerebro nunca llegue a esa pequeña satisfacción psicológica de haber terminado. Para generaciones que crecieron yendo a la biblioteca, ahorrando para revistas o intercambiando novelas con amigos, acabar algo sigue sintiéndose como una victoria silenciosa. Esa sensación de cierre es prima hermana del contento.

  1. Tener dinero en efectivo y presupuestar a la antigua.
    Sorprendentemente, muchas personas de 60 y 70 siguen prefiriendo el efectivo. No para todo, pero sí para la compra, caprichos, pequeños placeres. Un sistema de sobres. Una cartera con billetes apartados. Cuando se acaba ese dinero, se acabó esa partida. Suena rígido hasta que ves el alivio: nada de ansiedad nocturna por suscripciones sorpresa o cargos misteriosos de apps.

Un viudo me enseñó su «tarro de caprichos». Cada semana mete una pequeña cantidad en efectivo. Ese es su presupuesto para cafés fuera, libros de tienda de segunda mano o una caña con amigos. «Me gusta ver lo que me queda», dijo. «Los toques con tarjeta no duelen hasta que llega el extracto». Compáralo con los pagos sin contacto y las compras en un clic, que los estudios asocian con mayor gasto y menor conciencia del dinero que sale. Las generaciones jóvenes tienen más probabilidades de malabarar con buy now pay later, varias tarjetas y renovaciones automáticas… y sentirse constantemente en tensión por el dinero.

Los terapeutas financieros hablan de «atención plena con el dinero» como camino hacia menos estrés. Muchos mayores ya la practican sin ponerle nombre. Consultan el saldo en persona en el banco. Negocian facturas por teléfono. Retrasan compras y se lo piensan una noche. Es más lento, sí. Pero convierte el dinero de un número abstracto en una pantalla en algo tangible, lo que puede bajar el zumbido de fondo del miedo financiero.

«Mis hijos creen que soy anticuada», se reía una abuela de 72 años en Lyon, «pero yo duermo por la noche. Mi móvil no es mi banco, mi terapeuta y mi vida social a la vez. Es solo una herramienta».

  1. Proteger mañanas y noches de las pantallas.
    Muchas personas de 60 y 70 tienen una regla sencilla: las mañanas son para el café, el periódico, pasear o el silencio. Las noches son para la tele, leer o hablar. El smartphone puede esperar. Ese pequeño límite da al cerebro dos bolsillos de tiempo de baja intensidad cada día. Para adultos jóvenes criados con tecnología, el día suele empezar y terminar dentro de una pantalla, antes de que llegue cualquier sensación del mundo real.
  • Hábito de toda la vida: esperar 30–60 minutos después de despertarse antes de mirar el móvil.
  • Ritual nocturno: libro, radio o tele suave en lugar de scroll infinito.
  • Bloque semanal sin tecnología: una tarde o una noche totalmente offline, sin excepciones.

Seamos honestos: nadie hace esto todos los días. No a la perfección. No siempre. Pero incluso proteger parcialmente esos bordes del día puede tener un gran impacto. Los mayores que mantienen esas líneas reportan mejor sueño, menos pensamientos acelerados por la noche y una sensación más fuerte de que cada día tiene un inicio y un final, y no es solo un borrón de pitidos. Para los jóvenes, coquetear con estos hábitos «antiguos» no va de rechazar la tecnología. Va de recordar que tienen elección sobre cuánta vida le entregan.

Entonces, ¿qué nos da realmente miedo soltar: los hábitos o la ilusión de estar siempre «conectados»?

Aquí está la ironía silenciosa: muchos de los comportamientos de toda la vida que las generaciones jóvenes ridiculizan como anticuados ahora se venden como «trucos» por influencers de bienestar. Desintoxicación digital. Trabajo profundo. Mañanas lentas. Límites tecnológicos. Mucha gente de 60 y 70 simplemente lo llama «como lo hemos hecho siempre». No persiguen una versión curada y estética del equilibrio. Protegen ritmos humanos básicos.

Eso no significa que la vida sea más fácil para ellos. Se enfrentan a soledad, sustos de salud, duelo, edadismo. Algunos se sienten excluidos por sistemas que exigen que todo sea online. La tecnología puede ser un salvavidas: videollamadas con los nietos, comunidades en línea, información médica a las dos de la mañana. La cuestión no es que los smartphones sean malos ni que la juventud esté condenada. Es que una generación que vivió media vida offline tiene una prueba viviente de que la felicidad no requiere un rectángulo brillante en la mano.

La verdadera pregunta no es si deberías copiar cada hábito de toda la vida, sino cuáles te llaman en silencio. Esa llamada que llevas posponiendo. La libreta de papel que compras una y otra vez y nunca usas. La comida del domingo que siempre dices que vas a recuperar. Hay algo que asienta el cuerpo en elegir un pequeño ritual, supuestamente «anticuado», y darle una oportunidad real. Puede que descubras que detrás del aire de teléfono de rueda y la energía de abuela hay algo radical: una vida en la que eres un poco menos localizable y mucho más presente.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Conexión de toda la vida Llamadas, rituales en persona, círculos más pequeños pero más profundos Ideas para reducir la soledad sin dejar la tecnología
Estructura analógica Calendarios de papel, listas, sobres con efectivo Herramientas sencillas para sentirse menos abrumado y con más control
Límites de pantalla Mañanas/noches protegidas, momentos offline Formas prácticas de calmar la mente en una vida hiperconectada

Preguntas frecuentes

  • ¿De verdad la gente de 60 y 70 es más feliz que las generaciones jóvenes?
    Los grandes estudios sugieren que los adultos mayores a menudo declaran mayor satisfacción vital y menor ansiedad, incluso con desafíos de salud. Sus hábitos de conexión y rutina desempeñan un papel importante.
  • ¿Tengo que dejar el smartphone para sentirme mejor?
    No. La idea no es rechazar la tecnología, sino tomar prestados algunos hábitos más asentados y lentos para que el móvil vuelva a ser una herramienta y no el protagonista de tu día.
  • ¿Cuál es un hábito de toda la vida fácil de empezar?
    Mucha gente encuentra sorprendentemente potente y realista un único ritual protegido, como desayunar sin móvil o fijar un café semanal con un amigo.
  • ¿Esto es solo nostalgia hablando de «los viejos tiempos»?
    No exactamente. Cada época tiene sus problemas. Aquí el foco está en comportamientos concretos que tanto la investigación como la experiencia vivida relacionan con más calma y conexión.
  • ¿Cómo pruebo estos hábitos sin sentirme raro o juzgado?
    Empieza pequeño y en privado si quieres: una lista en papel, un presupuesto en efectivo, una noche sin redes sociales. Que lo que sientas sea la prueba, no la opinión de nadie.

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