Cardos que curan
 
Plantas Medicinales

Cardos que curan

Los cardos, plantas armadas de espinas, asociadas a descampados y estercoleros, tienen mala reputación, pero lo cierto es que cuando son observadas con atención, resultan mucho más bellas y algunas de ellas nos aportan además grandes beneficios para nuestra salud.



De entrada un cardo es una planta espinosa, que suele habitar en lugares pobres y áridos, muy expuestos al sol, como márgenes de caminos, descampados y escombreras. Pero esta definición, a poco que se analice, resulta como mínimo imprecisa. Y es que hay cardos que abundan en ambientes muy húmedos, en riberas y pastiales, y los hay que precisan de la sombra del bosque para prosperar. La mayoría de nuestros cardos pertenecen a la familia de las compuestas, como el cardo mariano o el cardo cundidor, las centaureas y las bardanas, pero también encontramos plantas con aspecto de cardo entre las umbelíferas –los eringios- y las dipsacáceas –las cardenchas-. 
La propia palabra cardo tiene unas claras reminiscencias negativas o incluso despectivas. Se le llama cardo a una persona arisca o una mujer especialmente fea, lo cual además de ser una grosería, olvida que tanto las plantas como las personas pueden mostrar una belleza oculta que se escapa a la mirada superficial y al prejuicio injusto. 
Los cardos suelen ser plantas muy robustas, con tallos y hojas armados de espinas y flores protegidas por escudos de brácteas también espinosas. Este rasgo responde a una estrategia clara, resistir los rigores de un clima extremo, con escasas precipitaciones y una gran insolación durante buena parte del año, condiciones propias del litoral mediterráneo. Las espinas sirven además como medida de disuasión para evitar ser devorados o mordisqueados por los herbívoros. Hay cardos enormes, de hasta 2 metros de alto y más, como el cardo arbóreo y algunos cardos marianos, y cardos rastreros, que aparecen pegados al sustrato, como el Onopordum acaulon y el Cirsium acaule. Los hay con capítulos en forma de esfera, muy bellos, de color púrpura como en las bardanas o azul celeste como en el cardo yesquero, y otros con forma de corona dorada como las carlinas.
Algunas especies de cardos han sido aprovechadas por el hombre, sea como alimento –es el caso del cardo Cynara cardunculus, pariente próximo de las alcachofas, usado para cuajar la leche, o de los cardillos Scolymus hispanicus, consumidos en verdura-, como adorno –las carlinas y cardanzolas-, para cardar la lana –la cardencha-, como combustible, para producir biomasa y también como medicina natural. A este aspecto vamos a ceñirnos en el presente artículo, con la selección de cinco cardos que destacan por sus atributos curativos.


1-	Cardo mariano, aliado del hígado
El cardo mariano (Silybum marianum L. Gaerth.) es de largo el cardo más empleado en fitoterapia y el que cuenta con más estudios científicos. Es una planta muy robusta, que puede alcanzar el metro y medio de alto o más, con las hojas grandes y lustrosas, manchadas de blanco por el anvés, abrazadas al tallo y con los márgenes muy espinosos. Las flores son tubulares, todas iguales, de color púrpura y aparecen en grandes capítulos terminales, protegidos éstos por largas brácteas espinosas, curvadas hacia abajo. Se encuentra en descampados, márgenes de caminos y campos, pudiendo ser dominante. Florece en el mes de mayo y junio y con fines medicinales se aprovechan los frutos y sus semillas.
Sus propiedades: Protector y reparador hepático, digestivo, colagogo, diurético, astringente, antihemorrágico, tónico venoso, hemostático, febrífugo.
A quien conviene: Sus virtudes como restaurador hepático las confiere una sustancia, la silimarina, experimentada con éxito en el tratamiento de la hepatitis y la cirrosis hepática. Los remedios a base de cardo mariano se han demostrado útiles para reparar las células hepáticas dañadas a causa de toxinas, infecciones víricas y alcoholismo. Está indicado en caso de insuficiencia hepática, hepatitis incluso agudas, trastornos hepáticos, como el síndrome del hígado perezoso, o bien como un restaurador natural tras empaches y alergias o intoxicaciones alimentarias. Es también útil en caso de indigestiones e inapetencia. Como hemostático, se indica en hemorragias superficiales, hemorragias nasales y metrorragias. 
Cómo se toma: En infusión, generalmente asociado a otras plantas como la fumaria, la cachurrera y la genciana, y en remedios antihemorrágicos, con la ortiga y el pie de león, 2-3 tazas diarias. En tintura, extracto fluido y en cápsulas.
Precauciones: Se han descrito algunos efectos secundarios en productos derivados del cardo mariano, como cefaleas, sequedad de boca y aparición de pruritos. Las personas hipertensas y las que siguen tratamientos antidepresivos con IMAO deben consultar con el médico antes de tomar esta planta. 


2-	Cardo santo, para ganar apetito
Propio de campos abandonados, olivares y márgenes de cultivos de cereales, el cardo santo o cardo bendito (Cnicus benedictus L.) es un cardo de porte modesto, de tallo corto o casi inexistente, con las hojas muy segmentadas, con los márgenes espinosos y las flores tubulares amarillas, reunidas en capítulos solitarios, abrazados por una corona de brácteas espinosas, parecidas a las hojas. Florece desde el mes de abril y está presente en el este y centro de la península, asi como en el Mediterráneo oriental. Con fines medicinales se han usado los frutos, las flores y en menor medida, las hojas.
Sus propiedades: Digestivo, aperitivo, hepatoprotector, febrífugo, diurético, antibiótico, antiinflamatorio, hipoglucemiante, antifúngico.
A quien conviene: El cardo santo contiene una sustancia muy amarga, la cnidina, que favorece la secreción de jugos gástricos. Se ha empleado tradicionalmente como estimulante del apetito para personas desganadas, anoréxicas o convalecientes de una enfermedad y como digestivo tras una comida abundante o pesada. Tiene un efecto restaurador sobre el hígado similar al cardo mariano, pero más suave. Se había usado para tratar las calenturas intermitentes o fiebres altas. Se le atribuye una ligera capacidad para disminuir el contenido de glucosa en sangre, lo que la hace útil como apoyo para pacientes diabéticos. Favorece la emisión de orina y se indica a tal efecto en caso de retención de líquidos, oliguria o dificultades para orinas, afecciones urinarias como la cistitis, excesos de urea y ácido úrico y como apoyo también en caso de tensión alta y presencia de cálculos renales. 
Cómo se toma: En decocción o maceración, 2-3 tazas al día, antes o después de las comidas, macerado en vino blanco (tradicional), en tintura y extracto líquido.
Precauciones: Evitar dosis altas, que podrían provocar irritación en las mucosas gástricas e intestinales y la aparición de vómitos y diarreas. 

3-	Cardo corredor, cicatrizante de heridas
El cardo corredor (Eryngium campestre L.) a pesar de su aspecto y de su nombre, poco tiene que ver botánicamente con los demás cardos, estando emparentado con el anís y la zanahoria. Es una planta verde grisácea, con las hojas basales segmentadas y espinosas y las flores reunidas en glomérulos esféricos, protegidos por brácteas también espinosas. Florece a finales de la primavera y principios de verano, siendo a veces muy abundante en terrenos perturbados, márgenes de caminos y prados secos. Se le conoce también como cardo setero, porque a sus pies nacen las setas del cardo, unas saprófitas que se alimentan de las raíces del año anterior. Y se le llama cardo corredor porque sus partes aéreas, muy ligeras, al secarse, son desplazadas fácilmente por el viento, con lo que asi consiguen diseminar sus semillas. Con fines medicinales se cosecha la raíz.
Sus propiedades: Diurético, aperitivo, digestivo, hemostático, emenagogo, astringente, antidiarreico, expectorante, hipoglucemiante, cicatrizante.
A quien conviene: Es una planta muy común, que se ha usado tradicionalmente para aumentar el apetito y aliviar las indisposiciones estomacales. Tiene la virtud de estimular la orina, y a tal efecto se ha destinado a tratar las diferentes afecciones urinarias, como la inflamación de la vejiga o cistitis, la hidropesía, la retención de líquidos, las dificultades para poder orinar normalmente, asi como para aliviar los dolores reumáticos, incluido la gota. Se le atribuye un efecto antidiarreico suave, útil en diarreas puntuales, y se ha empleado como medio para rebajar la glucosa en la orina. A nivel externo resulta un excelente remedio para sanar las heridas y úlceras cutáneas y acelerar su cicatrización.
Cómo se toma: En decocción o maceración de la raíz fresca o seca, cortada a pedacitos, en jarabe, extracto fluido y tintura. La decocción en uso externo en cataplasmas o regando la zona afectada.
Precauciones: Las personas hipertensas o con cardiopatías deben consultar con el médico antes de consumir esta planta diurética. 



4- Cardanzolla, un purgante tradicional  (en recuadro)
La cardanzolla o cardo arzolla (Carduncellus monspeliensium  All.) es un bello cardo endémico del este de la península Ibérica y el sureste de Francia, propio de pastos secos y pedregales. Destaca por sus bellos capítulos florales de flores azules, protegidas en largas brácteas espinosas y decurvadas.
Hoy día se usa poco como planta medicinal, pero se había empleado como purgante y vulneraria, para curar las mordeduras de serpiente y las picaduras de insectos, y según cuenta Font Quer en el Dioscórides renovado, los pastores se servían de ella antaño para curar las heridas por mordedura de lobo de que eran víctimas sus rebaños.


5-	Bardana, excelente depurativo (en recuadro)
La bardana (Arctium minus Bernh.) es un cardo que rompe la norma porque no tiene espinas en las hojas y el tallo, y porque prefiere ambientes algo húmedos y umbríos. Presenta unas hojas ovaladas, a menudo enormes, y las flores en capítulo sobre una esfera de brácteas verdes y espinosas. Es antibacteriana, astringente, diurética y depurativa. Sus raíces se indican para tratar infecciones en tracto urinario, para aliviar edemas, reumatismos y como apoyo para hipertensos. Es un excelente depurativo a nivel externo, para el tratamiento del acné, las urticarias, eccemas, forúnculos, ictiosis, pruritos, psoriasis e infecciones por hongos.

 Texto: Jordi Cebrián 

Publicado en: Cuerpomenteshapeimage_2_link_0shapeimage_2_link_1shapeimage_2_link_2
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